ESPACIO THOT

Un espacio de reflexión, información y cuando se puede un poco de humor – Por Marina Pagnutti.

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Juguetes para olvidar

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Lo deseaste tanto que finalmente llegó. Sí, ese mismo objeto que un día recibiste y que largo tiempo imaginaste está frente a vos. Pasaste horas creyéndolo en tus manos, en cómo y de qué forma lo recibirías. Soñaste, proyectaste y planeaste en lo que harías en el preciso instante de tocarlo.

Pero ese día llegó y el objeto del deseo se materializó y lo acariciaste. Fue tu tesoro, solo tuyo.

Luego paso un tiempo. Te embelesaste, te sentiste feliz, e irradiaste plenitud por tenerlo entre tus dedos. Pero después de saciar esos deseos reprimidos, de manipular de manera desaforada el objeto hasta el hartazgo, de cuidarlo por momentos, comenzás a mirarlo con desdén por haber sufrido en su espera; y un día, de repente, no lo querés más. Decidís que no lo necesitás más en tu vida y lo dejás tirado por ahí.

Raros son los períodos de ansiedad y sus intensidades. Extraña es la duración de la satisfacción y el deleite. Tan caprichosa como volátil.

Creíste en todo eso. Aceptaste lo falso, lo plástico, y por un tiempo te confundiste. Pero no por mucho, porque viste que el modelo es tan bello como defectuoso, y entendiste que la perfección es puro cuento. Como el de Cenicienta, que en realidad no fue tocada con la varita mágica, porque su realidad era otra. Su mundo perfecto provenía más de una alucinación fruto del consumo de un vaso cargado de GHB. Un éxtasis líquido, efímero, que duró 24 horas. El mismo efecto que para muchos puede durar 24 noches, 24 meses o 24 años. Todo depende de la calidad del éxtasis y de cómo interpretes la novela. Ella duró poco.

Creciste. Te golpeaste y golpeaste.

Por un momento, presa de la corriente del tsunami consumista que todo lo devora y aplasta, dudaste entre ser una inadaptada o una perpetua boluda destinada a lavar tus platos y los ajenos. Un combate entre uñas largas y guantes de seda, que solo duró un breve y pequeño pleito interno que de rosa fundió a negro.

Y sí, ¿quién dijo que los manuales de instrucciones son confiables? Acaso,  ¿alguna vez un papelito con instructivos fue de gran utilidad?

Odio los manuales en todos sus formatos. Ni hablar de los catálogos de origen, esos que te insertan en tus primeros años, y que con el tiempo tenés que quemarlos por obsoletos. Incinerarlos con el fuego de la experiencia adquirida a los tumbos.

De la ingenuidad mancillada a la inocencia encapsulada. Del estereotipo roto a la recolección de pedazos. Todo es pura antropología mental.

El dilema de desear tanto un objeto, es tener que soportar verlo después en la basura. Y una vez en el tacho poder reconocerlo con la misma intensidad que antes lo anhelabas.

Eso, ¿Lo podés aceptar?

Texto y foto MP.
Crónicas de una normal inadaptada (14)

Destiempos

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Están cerca, y a la vez a kilómetros de distancia.
Se conocen, pero son como extraños.
Intimaron, pero bordean la superficie. Una capa tan fina como impenetrable que los intimida a tal punto de la inacción. Temen porque no saben jugar. Desconocen las reglas, si es que confían en que ellas existen.
Se miran, se esquivan. No se ven.
Extraños conocidos.
Conocidos que se extrañan.
Deseos en el medio de la nada.
Deseos desechados, desperdiciados, regalados.
Deseos inconclusos, inacabados, rifados.
Quién sabrá el valor de tus deseos. Quién conocerá el valor de mis deseos. Quién sabrá…
Perfumes que develan una identidad que necesita ser hallada.
Sueños, desvelos y una revolución que lacera y carcome lo que ya no queda por quemar.
Un orificio imperceptible al ojo, que de encontrarse, hallaría el tesoro más preciado. Cerrar la fisura por donde se fugan las micropartículas de furor explícito.
Uno, diez, miles, millones de seres desconocidos que sienten lo mismo.
Desconocidos que viven lo mismo.
Conocidos que no cuentan lo mismo, pero que viven antes, durante, o después algo parecido que no quieren contar.
Tiempos de gritos silenciados, de verborragias internas y reservas expuestas.
Un momento sin tiempo
Un destiempo en su camino
Un momento
El momento.



Autor: Crónicas de una normal inadaptada (13)

Written by elthot

marzo 7, 2011 at 8:31 AM

El Onix certero y los mensajes ocultos

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Un anillo negro. Grande, cuadrado, de plata con una gran piedra negra en el medio se encuentra en la mano de quien me habla. Me pregunta si me llegó esa carta que me pasó por debajo de mi puerta. Le contesto que no, que no recibí nada. Mira para arriba, piensa, gesticula, sigue pensando, y responde: “juro que la entregué”.

(…)

¿A qué ser humano no le intrigaría saber, no caería preso lentamente, sin darse cuenta, de la voraz ansiedad del descubrimiento?
Develar el misterio del mensaje no es para nada sencillo, pero la complejidad que conlleva bucear en la oscuridad, sumergirse en lo desconocido, para luego ver la luminosidad de lo que a ciegas se buscaba y se encuentra ¿no es fascinante?

Es extraño. Pero hace unos días pensé en los desencuentros, en las jugarretas del tiempo, en las confusiones que se generan por expresar en minutos algo que no podemos descifrar ni siquiera nosotros.

Ahora una carta que está y no llegó. Pero escrita ya está. No la veo, pero existe. Salvo que aún mis ojos no la leen. ¿No llegó porque no era el momento, no era importante o porque no tenía que llegar? Y si no tenía que llegar, ¿para qué me tengo que enterar que había una escrito para mí?

(…)

Abro la puerta, entro a mi casa y preparo un té. Mientras un doble reclamo animal acaricia mis tobillos pidiendo alimento, pienso cuál sería el contenido de ese mensaje…

Al rato suena el teléfono y escucho una voz. Suave, algo especial que me remite a momentos remotos, únicos, de esos que no se repiten y dan forma a nuestro original ser. Inesperadamente me toma por sorpresa. Y supongo, que lo que no llegó a mis ojos, creo que por lo menos encontró mis oídos.

La ausencia, tiene motivos que la razón no quiere contemplar. Sea lo que sea, el hilo de las historias, invisible o multicolor, construye momentos que están y persistirán. Lo entiendan o no quienes lo viven. Es, aunque no se note.

Cuelgo el teléfono, apunto hacia la puerta y veo que una puntita blanca asoma debajo del sillón. Es de papel y es un sobre.

Finalmente el señor del anillo grande con la piedra negra tenía razón. Creo que era un Onix. Él fue el encargado de lanzarla por la puerta, que temiendo que se quedara trabada la arrojó con demasiada intensidad, y por culpa de ese acto irónico mis ojos no lograron percibirla.

La abro y la leo. El texto es breve, pero maravilloso. Tan hermoso, que perdería la magia si intentara describirlo. (MP)

(crónicas de una normal inadaptada)

Written by elthot

septiembre 14, 2010 at 3:34 PM

“Yo lo defiendo porque es ingeniero”

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15.20 del martes 27 de julio, soleado y un tanto agitado.

Regresaba del centro luego de una sesión de batidora mental, con procesadora incluida y todo los chiches. Un espacio que pretende entender mis momentos de adaptación o la normalidad de mi ser, en un encuentro semanal que en teoría, se supone, en algún momento me conducirá a buen puerto, o por un camino de gozo paralelo, o bueno, hacia algún lugar distinto…

Igual, de todos modos, ese no es el punto del relato. Sino lo asombroso y perturbador que puede ser un viaje.

Subo al 110 y me ubico en el medio del bondi. Tranquila, o mejor dicho con la mirada fija hacia el exterior -mientras plácidamente mantenía un diálogo conmigo-, escucho un cruce de ideologías con puñal.

Por suerte sin sangre, pero con una profundidad de asesinato que congelaba. Creo que en ese instante lo envidié un poco más a Beethoven, no solo por su virtuosismo, sino por la cualidad de no escuchar. Un mecanismo interesante…

Y de pronto comienzan unas notas orales a lo lejos:

-Eso le pasa porque (H)ace -dice una mujer de unos 50 años al chofer del 110

-No es así señora. Él no hace, solo escucha -le contesta el colectivero.

-No importa. No lo  dejan hacer nada porque es ingeniero -insiste la señora

-Sí, y que le gusta la electricidad -refuta el del bondi

-Es un buen hombre. Todos lo critican, pero nadie hace nada, redobla la apuesta ella.

-¿Hacer? Si, ahora va a cortar 150 árboles de Plaza las Heras.

-No me importa. Es ingeniero y fue a una de las universidades más caras del país.

-Pero le gusta la picana

-Los abogados hacen cualquier cosa, pero él es ingeniero, es una carrera difícil, es muy inteligente -contesta la mujer madura.

-Pero le gusta la picana

-No me importa lo que digan, es bueno.

-Pero le gusta la picana, las pistolas Taser y escuchar conversaciones ajenas.

-Yo lo voy a defender porque es ingeniero.

Duramente Increíble.

Me pregunto si Mauricio se habrá enterado del fraccionado diálogo popular y de lo que genera en algunas mujeres descarriadas. Perdón Lilita, hoy con vos no es la cosa. Pero seguro estaba despistado o afeitándose el bigote.

Y después me cuestiono porque no me adapto…

(La normal inadaptada)

Autor: MP 27/07/10

Written by elthot

julio 27, 2010 at 8:33 PM