ESPACIO THOT

Un espacio de reflexión, información y cuando se puede un poco de humor – Por Marina Pagnutti.

Crónica de una normal inadaptada

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Trivialidades mentales (entreteniendo la ira por 30 minutos)

9.30 Templado y parcialmente nublado en el neurótico verano de Buenos Aires.
El primer destino del lunes es la city porteña y al instante la reflexión del día: Lo razonable a veces no es el camino correcto.
Por una cuestión de tiempos tomo el subte D hacia la última estación Catedral para llegar en 25 minutos a la fauna más urbana del país. Sí, ese infierno espantoso al que todos intentan evitar por calcinamiento precoz.
Llega el tren y bueno, decir que estaba repleto no es nada nuevo, pero que no entraba casi una uña era llamativo. Y obvio ¿qué hice? lo dejé ir, como otras tantas cosas en la vida. Esperé el otro, ya con una demora importante de 10 minutos. Y bueno, total el que viene seguro estará más vacío -pensé-. Me equivoqué, aunque no tanto, un par de humanos menos creo que había.
En fin, entorné los ojos, apechugué la paciencia y entré. A continuación todas las alucinaciones mentales de una víctima subterránea. Un monólogo interno, descriptivo, y sin duda, asquerosamente estúpido y repetitivo.
-Uf por dios que calor que hace acá! ¿Quién cuernos me mandó a tomarme esto?!
-Bue, listo, tranqui, llegás al toque. Si te hubieses tomado el bondi tardabas 40 o más.
-Sí… es verdad.
-(a los 3 segundos) El que está a 2 centímetros de distancia me está pisando mal y se hace el gil. Emana un vaho tan sofocante que hasta un esquimal lo odiaría, y encima mira de reojo, mal.
-Ok, bueno, pensá en otra cosa…. A ver, cuando llegue me compro algo para tomar, una revista, practico unas cuantas respiraciones profundas y listo. Como nueva. Afuera debe estar divino.
-Ay, pero como me gustaría estar en un campo -pero que boluda, ¿por qué no acepté este fin de semana irme a 70 kilómetros de la ciudad?-, a sí, ahora recuerdo que decidí ir al barrio chino por el año nuevo, la llegada del tigre. Sin dudas algo sustancial en mi vida ¿?
-Uff  loco pero que pasa! ¿Por qué va tan lento esto? Me quiero bajarrrrrrr yaaaaaaaa!

En ese instante comprobé que me estaban observando. Sin decir una palabra el que está en sintonía o viviendo el mismo calvario que vos te caza al vuelo. Me descubrió. Pero, ¿tan evidente era?. Él notó que estaba sumergida en un coloquio interno, y de repente iniciamos un improvisado diálogo gestual: Ojos, muecas de fastidio compartidas, ambos observamos como en el otro vagón una chica se desmayaba (estuvo 2 estaciones inconsciente) y no podíamos hacer nada, a duras penas podíamos estar en pie, y en la próxima estación nos despedimos con una ceja elevada en símbolo de ‘un esfuercito más que ya llegás”.

-Ay querido pero correte un poco -pienso en esa frase durante todo el recorrido, por lo menos unas 5 o 10 veces.
-Me estoy sintiendo mal. Me bajó la presión. ¿Terminaré como la chica del otro coche?. No, no, desayuné bien, estoy bien y estoy por llegar. Pensemos en otra cosa. Cuando vuelva me tomo el bondi, definitivamente.

En la estación 9 de julio, además de tener un nombre tan patriótico, llega el oxígeno al vagón. La mitad de los pasajeros se bajan para las combinaciones a otros infiernos de la ciudad. (El olor de esta parada es un tema aparte)
La transpiración que provoca el viaje debe ser el equivalente a un partido de fútbol, tenis, voley o una descarga feroz de adrenalina por un susto, porque no hay nada de placentero en todo esto.
En el destino final desciende toda la marea humana que intenta salir ilesa por los accesos, a paso de tortuga, y  asomándome a la superficie de las avenidas, juré no pisar por largo tiempo estos viajes del submundo.

Encuentros superfluos

10.30 Hora de llegada, con un leve retraso, pero aceptable en estos tiempos y con estos servicios.
Doy mis datos en recepción, me dan una tarjeta de “Visita” y me dispongo a subir a la reunión.
-Buen día, tengo una entrevista con fulanito, soy pepita.
-Ah, bueno, tomá asiento que enseguida viene.
-Ok, gracias.
Esos minutos fueron los mejores de la mañana. Fui bendecida por el aire acondicionado del lugar que estaba al mango. Unos minutos, los necesarios para recobrar el alma al cuerpo, ya que el sauna mañanero no es mi fuerte y la presión me estaba jugando una mala pasada. Que invento maravilloso el aire artificial, un poco caro, pero como ayuda en estos días.
De repente llega mi entrevistador.
-Hola que tal, soy fulanito, vení pasá por acá -se presenta con paso canchero, de altura pequeña y con una panza prominente que lejos está de acompañar su diminuta contextura.
El motivo era una entrevista laboral por mi experiencia y para solucionarles los incendios a ellos. Algo que sin duda estoy acostumbrada a hacer y casi a esta altura me aburre hasta explicar…
Sin entrar en mayores detalles de los motivos del trabajo en sí, las funciones -que fulanito ni detalló, pienso que tampoco sabía bien que estaba buscaba-, ni demasiados preámbulos la entrevista duró unos escasos 15 minutos.
-Contame flaca que hiciste.
-¿Perdón? -pensé-, creyendo que el sacrificio hasta aquí tendría que valer la pena y ya estaba sintiendo un incipiente olor a fiasco (difícil de describir)
-Mirá estoy trabajando para tal, para X y para Z. Puedo manejar mis tiempos. Hice esto y aquello.
-Aha… Ah, estudiaste en tal lado!
-Sí, ahí mismo.
-Mirá vos, yo también, pero no terminé -lanza rápido fulanito como demostrando que fue la mejor decisión que tomó en su vida.
-Bueno, no sé, preguntame que querés saber. Ya te expliqué un poco en lo que me encuentro actualmente y lo que hice en otros lugares. Me gustaría saber que necesitan ustedes.
-Y mirá, esto hay que cambiarlo todo. Yo estoy a cargo hace seis meses, pero bueno, es un trabajo full time e integrador. Hay que cambiar la estrategia de comunicación.
-Si, entiendo -deslicé tibiamente-, escuchar y descifrar las definiciones de un puesto que ni él mismo sabía especificar me puso nerviosa. Sin duda ya estaba mentalmente pensando en el exterior del edificio.
Insisto en mi objetivo, ya que no podía creer que del otro lado no supieran ni preguntarme lo más básico de una entrevista.
-Necesitas que te especifique algo más, preguntame lo que quieras. Si querés te cuento sobre esto y aquello
-Bueno dale…..  (silencio)
Paso a detallar otros datos relevantes y en la tercera frase puse punto final al sinsentido.
-Bueno fulanito, si necesitás algo más decime.
-Bueno flaca, estamos en contacto.

En contacto me encantaría poner tus deditos en el enchufe -rumié. Aunque sentí una mínima culpa por mis malditos pensamientos.

Bondi sin fondos

11.20. Tomo el colectivo 111 rumbo al Banco para retirar un depósito. Paso por todas las calles de la ciudad, fiel al recorrido de esta línea, pero con la bendición de estar bastante despejado el tránsito.
Observo lo clásico: Viejos que se hacen los dormidos, los boludos, cargados con bolsas gigantes que se las incrustan al que está sentado, con cojeras falsas, peleas entre chofer y pasajero porque a uno no le abrió la puerta en la parada que correspondía, la mitad del bondi enchufado a un mp3 o un ipod o a cualquier cosa que los aleje del presente. En mi caso tenía un libro de Eloy Martínez, “Ficciones verdaderas”, un título que bien podría describir a la perfección esta mañana enferma de febrero. Cansada y rendida, cierro el libro y trato de descansar un poco.
Cuando llego al destino final, entro al banco y acto seguido: Cajero, clave, transacción, retirar xxx y ahí nomás, fría como toda  máquina, llegó la respuesta que menos quería ver: No dispone de esa cantidad.
El ataque de furia provocó una ebullición que empalmó a la perfección con la que venía desde temprano.
Después de hablar con la contadora del banco, de explicarme que uno de los cheques fue rechazado (por una tremenda pelotudez), me dice que tengo que retirarlo en la sucursal que tengo la cuenta. O sea, a tres barrios de donde me encontraba.
En fin, que puedo decir, se podría rotular como el típico ‘odio los lunes’, ‘me levanté con el pie izquierdo, derecho, doblado y con un calambre’ y como si fuera poco… eran las 14hs. Y faltaba muuuuuuucho por delante…

Fuerza natural
22.30. Pasaron unas cuantas horas y estoy bastante más tranquila. Luego de meditar, con un yuyo de tilo encima, puedo hacer una evaluación más clara de la jornada. También puedo afirmar que mi estado emocional y el natural están en sincronía. Como en este preciso instante lo puedo apreciar desde mi ventana. Llueve sin parar. Creo que es una pausa ideal para hacer un punto final a esta crónica de un día de furia en la ciudad.

(Autor: Marina Pagnutti)

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Written by elthot

febrero 16, 2010 a 2:46 AM

Una respuesta

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  1. a veces siento q se refleja un pedazo de mi vida cuando leo, me gusta

    MAria Eugenia Pagnutti

    febrero 21, 2010 at 6:03 PM


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