Al final ¿cómo es?
La contradicción se respira 24 horas por segundo. 
Pero creo que lo peor no es eso, sino lo que no se atreve a decirse en la cara. O no se puede. Es decir, se piensa X y se manda W.
¿Acaso es un acto hipócrita, dudoso, cobarde, normal o piadoso?
Me pregunto en qué momento de la vida cruzamos ese límite, y comprendemos e incorporamos esos códigos de los cuales están formadas las complejas debilidades humanas.
Quiero eso, pero no puedo. No puedo, porque no quiero. Me gustas, pero no me gustas. No te banco, pero en realidad te soporto. Sos insufrible, pero me haces bien. Y así hasta morir o cambiar. Valga la redundancia. En todos los planos.
¿Es un tema cultural o personal?
Parece ser que es más fácil mantener un orden, un equilibrio, una mentira piadosa, que aferrarse al pensamiento más primario. Primario por primogénito, no por limitado. Es más fácil panquequear un segundo, que aguantar por horas.
Entonces ¿cómo es?
¿Tenemos miedo a mostrarnos como somos, o buscamos creatividad para no caer en la rutina?
Tal vez Quino nos de la respuesta.
(La normal inadaptada)
Autor: MP – 26/07/10


Excelente planteo, supongo que es temor a mostrarnos como somos, es el arte de disfrazar los pensamientos y sentimiento en busca de la aceptaciòn del otro…
Siempre la mirada del otro condiciona, expone, desnunda, entonces la contradicciòn tambièn es coraza.
Las dicotomìas y contradicciones hasta el absurdo forman parte de la condiciòn humana…
Silvia
julio 27, 2010 a 12:09 PM
Sucede que siempre buscamos la aceptación del otro, vivimos con corazas por miedo a sufrir, a mostrarnos tal cual somos, a decir lo que realmente pensamos. Son más fáciles las máscaras, aunque a la larga eso nos condene….
Kari
julio 27, 2010 a 4:32 PM
Hay tanta gente que no dice lo que piensa… yo prefiero tratar de ser honesta aunque no caiga siempre de lo mejor, aunque a veces caigo en la bolsa de lo cotidiano.
Euge
julio 28, 2010 a 1:55 AM